Joaquín Solís Piura: “Los médicos debemos respetar la integridad del paciente”

Luis Hernández Bustamante

El Dr. Joaquín Solís Piura, que en los años 70 fue Decano de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN-León) y en los 80, Viceministro de Salud, pertenece a la generación de la autonomía universitaria. Nació en un León hermoso y señorial, anterior al boom algodonero, en el barrio San Felipe, de la cantina El Jocote media cuadra abajo. Su padre, don Joaquín Solís Altamirano, de origen leonés, trabajó la mayor parte de su vida como capataz de cuadrilla en el ferrocarril y siempre fue un gran lector, pasión que su hijo había heredado desde temprano.

“Mis primeras lecturas comenzaron con el descubrimiento de un cofre que mi papá tenía lleno de libros clásicos. Allí estaba la autobiografía de Rubén Darío, Los Miserables de Víctor Hugo, novelas de Alejandro Dumas y de otros autores franceses y españoles, por supuesto de categoría. En medio de la pobreza, proveniente de una familia muy humilde, él encontraba dinero para comprarse revistas, libros y de repente llevar algunos gustos a la familia. A veces aparecía con cosas que en aquellos tiempos eran exóticas, tales como jamón o salchichón. Tenía que trabajar horas extra para poder cumplir incluso con las obligaciones normales y de repente un lujito así… Era muy cumplidor con todos sus hijos, todos pudimos ser profesionales”.

“Mi mamá se llama Esther Piura, está viva y tiene 94 años cumplidos. Era un ama de casa y el eje de nuestro hogar. Mi padre fue el proveedor, pero quien compraba la comida diaria era ella. Tenía un sentido tremendo de la economía familiar. Por ejemplo, en el tiempo del golpe de leche salía más barato tomar leche que tiste porque a la leche se le echaba menos azúcar que al tiste, y eso era lo que ella hacía, sabía hasta cuántas cucharadas de azúcar iba a utilizar”.

Una elección casual pero certera

“Tuve la oportunidad de estudiar en los colegios La Salle y Calasanz mediante becas que me gané con mi esfuerzo; por poco no estudié la secundaria por falta de dinero. Entonces, David Andino Tercero, que luego fue profesor de Matemáticas connotadísimo en Managua, pero que empezó en León y era vecino nuestro, me informó que los curas del Calasanz, que en ese entonces se llamaba San Ramón, iban a sacar a concurso dos becas para estudiar en este colegio. Me presenté a un examen donde participamos como 40 chavalos y me gané la plaza. La beca podía ser renovada cada año siempre que sacara sobresalientes, de manera que me dediqué a sacar las mejores notas y así me bachilleré. Lo de la universidad fue más fácil porque era prácticamente gratis, costaba 10 pesos mensuales o algo así. Yo estaba dispuesto estudiar Ingeniería o Medicina, dos carreras que me gustaban, y me inclinaba por la primera”.

“Salí con los reales que me dio mi mamá y los que me gané dando clases de Matemáticas a los estudiantes de años inferiores, para ir a Managua a matricularme en Ingeniería, pero en el camino me encontré con mi banda de compañeros que iban a matricularse en Medicina en León y cambié de opinión. Fui buen alumno, me hice mis estudios de postgrado en Suiza y todo el tiempo mi pasión fue enseñar y aprender Medicina: aprender para curar y para enseñar”.

Años de lucha estudiantil

Los estudiantes de la década de los 50 tomaron parte muy activa en las luchas políticas de su tiempo. Y no se trataba de un pasatiempo inofensivo sino, a veces, de vida o muerte. El 23 de julio de 1959 una manifestación estudiantil fue reprimida por la Guardia Nacional en León. Murieron Erick Ramírez, Mauricio Martínez, Sergio Saldaña y José Rubí, Presidente de la Asociación de Estudiantes de Medicina. Joaquín Solís era en ese entonces Presidente del Consejo Universitario de la Universidad Autónoma de Nicaragua (CUUN) y considera aquel cargo “el mayor galardón” en su vida, aunque ha tenido muchos cargos y honores. Ya post mortem José Rubí se convirtió en cuñado de nuestro entrevistado, porque este último se casó con Miriam Rubí, la hermana del mártir.

Una de las acciones que recuerda el Dr. Solís perfectamente es la huelga para expulsar a los militares que cursaban sus estudios universitarios en la UNAN de León. “Eran varios que después llegaron a generales. Estaba Aquiles Aranda, que fue vocero de la Guardia, estudiaba Derecho. También estaba Félix Sánchez, que estaba estudiando Odontología; otro era José Calero, quien estudiaba Medicina y me llevaba un año; era muy folclórico y hacía sus exámenes de un modo que hizo historia. Una vez Fabio Salamanca Páez, un magnífico profesor nuestro que impartía la clase de Botánica Médica, le dijo que hablara de la quina; Calero respondió que era un plantita chiquita. El profesor replicó que la quina era un árbol de considerable tamaño, y el hombre contestó que él se refería a cuando lo acababan de sembrar…”.

“Correr a los guardias fue una lucha de meses, de huelga y agitación. Una vez expulsados los militares, a finales del año celebramos el I Congreso Nacional de Estudiantes Universitarios, inspirado por Carlos Fonseca”.

Inglés y computación, herramientas fundamentales de un médico

“Para ser buen médico, el estudio permanente y la ética son dos cosas fundamentales. Lo primero, como decía Hipócrates, es ‘no dañar’, la segunda máxima es el respeto a la integridad del paciente, a sus creencias, a sus escogencias. La medicina moderna ya no es aquella de ‘te ordeno hacer esto’. El médico es un consejero, explica las opciones y el paciente toma su decisión acorde a su propia naturaleza, a su cultura, a su conciencia, a sus necesidades, a sus medios… La verdad de las cosas es que tiene todo el derecho de rechazar nuestro tratamiento y nosotros debemos respetarlo y sugerirle un tratamiento alternativo”.

“La medicina que aprendí en mis años de estudiante, del 55 al 63, ya no existe, solo permanecen ciertos elementos, como, por ejemplo, el examen físico, que ha permanecido desde Hipócrates con algunas modificaciones. Por eso uno debe actualizarse de manera permanente. En mi biblioteca, además de los libros, tengo el último número de New England Journal of Medicine, una de las revistas más respetadas del mundo, y también consulto páginas web de medicina. Ahora para un médico la Internet, el inglés y la computación son herramientas fundamentales… el inglés y computación, sin ellas no podrá estar al tanto de lo que sucede en la medicina”.

La calidad de la educación ha decaído

En lo referente al provenir de la carrera de la Medicina en Nicaragua, el Dr. Solís opina que los problemas que esta enfrenta son parte de la crisis global de la educación superior: “Aquí la multiplicación de las oportunidades de educación no ha ido pareja con la calidad de la educación superior. Ha habido un estallido dramático del número de universidades, que sería digno de toda alabanza si tuviera su contraparte en la calidad, porque a medida que vos expandís la cantidad de gente formándose en carreras universitarias debés expandir locales didácticamente adecuados, es decir, con sus materiales de enseñanza, sus laboratorios, sus profesores, que es lo más difícil de formar”.

“Entonces, cuando las carreras se multiplican sin la correspondiente multiplicación de la infraestructura y personal docente, el resultado es preocupante. Se critica mucho a la educación superior de los años 80; sin embargo esta estaba respaldada por una planificación. En ese entonces el desarrollo de la sociedad que pretendíamos construir tenía una buena correspondencia en la planificación de la educación superior. Como pensábamos crear aquí unas grandes represas, enviamos a varios jóvenes a estudiar Ingeniería Hidroeléctrica, estos se formaron y regresaron aquí. Luego el proyecto no se llevó a cabo por circunstancias políticas y los ingenieros quedaron sin trabajo. Pero esos son otros cien pesos”.

Sin investigación no hay universidad

“Si este país necesita tantos médicos, tenemos que aumentar la matrícula paulatinamente, eso requiere tal infraestructura y tantos profesores; entonces, lo que se debe hacer es planificar la formación de los profesores para que corresponda con el aumento gradual de la matrícula de los estudiantes de Medicina”.

“Tampoco se debe descuidar la calidad de la enseñanza y hay que suministrar los fondos para un programa de becas, que fue lo que hizo Mariano Fiallos cuando fue rector de la UNAN. Él primero mandó a estudiar a un poco de gente, y, una vez debidamente preparadas, estas personas se convirtieron en docentes de altísima calidad. Uno de ellos fue Carlos Tünnermann, para dar solo un ejemplo”.

“Pero con este estallido no hay ninguna planificación, no hay ningún desarrollo por detrás; las universidades, incluso algunas que gozan de prestigio, funcionan sin tener ni un solo profesor de tiempo completo”.

“Las universidades no pueden ser únicamente recintos para dar clases, son mucho más que eso. Los docentes deberían de ocuparse no solo de impartir clases sino, en primer lugar, de la investigación y de la proyección de sus capacidades en la sociedad. Las tres funciones esenciales en la universidad son la enseñanza, la investigación y la atención universitaria. Si no cumple con las tres puede ser una escuela de enseñanza, pero una universidad, no. Si bien no se puede tener, sobre todo en estos países, toda la planta profesoral de tiempo completo, tiene que haber una base de profesores que se dedique exclusivamente a la enseñanza, a la investigación y a la proyección de la universidad. Sin eso la calidad disminuye”.

Pinceladas leonesas

Joaquín Solís en su juventud era aficionado a las libaciones etílicas, visitando las célebres cantinas de León: “Creo que me eché mi primer trago en el bar Misisipi, famoso por sus sopas. El dueño era Félix ‘Cucaracha’. Quedaba en el barrio San Juan, de la Sala Evangélica una y media cuadra al norte, muy cerca de mi casa. Recuerdo que había una tarima de ladrillos y allí se ponían las mesas y cuando brisaba uno se iba para adentro. Los tragos eran de ron Santa Cecilia, cada cual con una boquita diferente”.

“Las cantinas rivalizaban ofreciendo la mayor variedad de bocas. Una se llamaba La Boca y era espacialísima; después de que uno se había tomado una buena cantidad de licor le daban una palomita de castilla asada a cada comensal. Era una delicia”.

En cuanto a la pinchería leonesa, cree que es propia de ciertas familias acomodadas y no de toda la gente. El lo vivió en carne propia: “Tenía un compañero millonario y llegaba a estudiar con él a su casa; entonces, a la hora del fresco, a las 10 de la mañana, lo llamaban a la cocina y no me ofrecían nada a mí. Aquel aparecía todavía con el bigote lleno de tiste y me decía que no había tomado nada”.

El Dr. Solís también recuerda muchas anécdotas sobre el pintoresco poeta leonés Alí Vanegas, célebre por sus ocurrencias e irreverencias, pero dice que son “demasiado picantes y no se pueden publicar”.

7 DIAS es una publicación de MEDIA TRAINING S.A Todos los derechos reservados® 2006
Telelax: 2706509, e-mail: metrasa@cablenet.com.ni