Edicion 531 del 3 al 9 de Diciembre del 2007


Amore mío

Krasnodar Quintana

General Iván Alegrett.
Los jóvenes albañiles que reparaban el techo de la casa del general Iván Alegrett vieron con estupor y envidia a las italianas en biquinis que desde el pequeño trampolín se lanzaron a la piscina y que jugaron y rieron como niñas y después se tendieron en sendas tumbonas a disfrutar del sol nicaragüense de aquella mañana de abril. Eran espectaculares, me contaban después los muchachos, todavía con el meloso recuerdo de aquella maravillosa aparición. Una pelirroja y una rubia, dos sirenas terrenales, dignas representantes de la tierra y la sangre de Sofía Loren y Gina Lollobrigida. Alegrett entró después con unas copas de vino. Ambas lo recibieron con un “amore mío” y entraron con él al interior de la casa.

Este Iván Alegrett era el mismo que una tarde, con un rifle de mira telescópica dio caza a dos fugitivos que se habían escapado de las cárceles de la loma de Tiscapa y bajaban por las laderas de la laguna. Los curiosos se detenían a observar la cacería. Fue una verdadera representación del circo romano. Recuerdo que el Dr. Pedro Joaquín Chamorro, al día siguiente, lanzó en su editorial una filípica contra la barbarie de aquella cacería.

Caos y orden

Hace muchos años, en los días felices de la dictadura y estando Anastasio Somoza Debayle en la Presidencia, hubo una conferencia de prensa que Somoza concedió al periodismo nacional. Fue una de esas raras conferencias en la que Somoza fraternizó con los medios. El periodismo siempre fue beligerante contra la dictadura y sus preguntas muchas veces rebasaban los límites de la prudencia pero esa vez la confrontación se mantuvo en un perfil bajo. Sucre Frech, el mejor locutor deportivo que ha tenido Nicaragua hasta la fecha, le hizo a Somoza una pregunta que inició de esta manera: “Usted, señor Presidente, que es el hombre mejor informado de Nicaragua…”. No recuerdo cuál fue la pregunta, pero era respecto al béisbol, al equipo 5 Estrellas, creo, el cual era propiedad de Somoza. A todos sorprendió el preámbulo porque Sucre, tal vez sin desearlo y sin sospecharlo, estaba develando de una manera simple la compleja substancia de la dictadura.

Es precisamente en el ámbito informativo radica la gran diferencia entre la dictadura y la democracia de estos atrasados y pobres países tercermundistas. En la dictadura el dictador lo conoce todo. En la democracia el Presidente cree conocerlo todo. En efecto, Somoza era el hombre mejor informado de Nicaragua, ese conocimiento era su escudo y su espada. Con él se defendía de aquellos enemigos poderosos a los que no podía destruir y enterraba a los que estaban al alcance de su odio y de su poder.

El conocimiento es poder

Actualmente se ha descubierto que “el conocimiento es poder”, y al respecto se tejen modernas y complicadas teorías. Pero desde los tiempos lejanos de las monarquías, ya el conocimiento significaba poder. Y esto es válido no solo para los monarcas de antaño y los dictadores, sino que para todo aquel que tiene la suerte de acceder a la información política, pero que además posee la capacidad intelectual para usarla en su provecho. No fue otro el poder de José Fouche y el uso que su mente privilegiada y conspirativa hizo de este poder con el que logró sobrevivir en los cruentos días del Directorio, cuando Maximiliano Robespierre, el Incorruptible, decapitó hasta las estatuas de los parques y cuyo terror, al final, también terminó con su propia decapitación instigada precisamente por Fouche. En esa ocasión Robespierre tenía planeado hablar ante el Directorio para volarle la cabeza a Fouche pero este ya estaba informado de sus planes e intenciones y habló primero, con el resultado de que a quien le cortaron la cabeza fue al propio Robespierre.

La democracia de estos pobres países tercermundistas empobrecidos y embrutecidos, no es “la democracia funcional de los países del Primer Mundo”. Una cosa, por ejemplo, es la gran democracia norteamericana (nos guste o no) y otra es la democracia nicaragüense, plagada de corrupción y de abusos y del saqueo del erario.

¿Por qué era funcional “nuestra” dictadura y “nuestra democracia” no lo es? Bueno, porque el dictador era el hombre mejor informado de Nicaragua, tal como lo dijo Sucre Frech en la conferencia mencionada, y este conocimiento hacía funcionales las instituciones del Estado. Somoza sabía TODO lo que ocurría en su Gobierno y además tenía la capacidad de usar ese poder. Sabía quién era capaz o incapaz, quién era honesto y quién no, sabía quién estaba robando y quién no, y tenía la libertad y la opción personal de dejar que se enriqueciera el ministro o el funcionario que él deseara. Él era la medida de la honestidad o del robo.

Una red de inteligencia personal y ad honórem de empleados que él había colocado en puestos claves se encargaba de mantenerlo informado de todo lo que ocurría en el momento que ocurría, se podría decir entonces que el signo principal de la dictadura era el conocimiento global y pormenorizado de todas las entidades del Estado y de gran parte de la sociedad nicaragüense. Para poder sobrevivir tenía que ser así. Pero la ruptura del funcionamiento de la sociedad vino a romper esa urdimbre, esa telaraña en la que Somoza tejía sus mejores y siniestros proyectos. La presión popular y la lucha armada rompieron esta urdimbre abriendo las puertas para que hasta que los mismos generales de la Guardia Nacional también conspiraran contra Somoza Debayle.

El hombre mejor informado de Nicaragua hace uso de su información

Somoza supo que el designado para reponerlo por el Gobierno de los Estados Unidos era el general Iván Alegrett. Cuando su Inteligencia se lo comunicó sólo dijo: “Escogieron al mejor”, fue su único comentario. La conspiración y la trama estaban en marcha pero en un vuelo que Alegrett realizó con Mike Echanis, un mercenario estadounidense que ofrecía sus servicios en una revista que se llamaba Soldados de Fortuna, el avión tuvo un desperfecto y se estrelló. Alegrett y Echanis murieron en el “lamentable accidente”. Los pocos que estaban al tanto de los planes secretos afirman que el avión fue “arreglado” para que las ambiciones de Alegrett tuvieran solo la altura del vuelo de aquella mañana.

Tal vez lo último que pasó por su mente en el breve espacio de su caída, con Echanis a su lado, fue aquella mañana soleada cuando él con las copas de vino llamó a Sofía y Gina, quienes en sus biquinis se asoleaban al lado de la piscina, bajo la mirada golosa de los pobres albañiles.



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