Edición 549 del 16 al 30 de Noviembre del 2008



“Recuerdo de Managua en la memoria de un poblano” hace vibrar de emoción a viejos capitalinos

Angie Aguirre

En una memorable ceremonia desarrollada el 30 de octubre en la UNICIT, que congregó a personajes connotados de la vieja Managua, se produjo el lanzamiento del libro Recuerdo de Managua en la memoria de un poblano, escrito por el periodista Roberto Sánchez Ramírez, ante una nutrida concurrencia donde se revivieron retazos de aquella Managua que aún late en el corazón de los que la conocieron.

En el acto se hicieron presentes Ángela Aguirre, dueña del histórico restaurante Münich, que durante años atendió detrás del Palacio Nacional en la vieja Managua. La Carne Asada del Gran Hotel, una delicia de la vieja Managua, que luego se esparció como diáspora en la capital, cuando cada una de sus descendientes optaron por poner el negocio por separado, fue otra gala de la noche. No faltó el estanco de guaro lija, con su viejo mostrador y las boquitas de caña, mimbros, jocotes y mamones, de los que dieron buena cuenta todos aquéllos que quisieron recordar al Coto Ampié, Las Chichitas, El Chele Irías, Cachecho, Agripito, El Manguito, El Guararé, Las 5 Hermanas; Panchito Melodía, Pedro Tuco, el Petit Café, El Gato Abraham, entre otras.

En el evento también se hicieron presentes Sipriano de Jesús, antiguo barbero del Gran Hotel, por cuya silla pasaron Pedro Joaquín Chamorro, Tacho Somoza Debayle y Humberto Ortega Saavedra y doña Juana Francisca Villalta Lezama, mejor conocida como “Chica Vaca”, una centenaria dama que baila todavía “La Vaquita” en las fiestas de Santo Domingo.

No pueden obviarse Los Matanceros, bailarines de la música inolvidable de La Sonora Matancera, quienes luciendo el atuendo de Luz y Sombra y Cardoza, los bailongos más populares de la vieja Managua, hicieron vibrar a los presentes con los pases célebres de este pegajoso ritmo tropical.Muchos de los concurrentes hasta lloraron de emoción, al recordar aquellos tiempos de “vino y rosas”.

Danilo Aguirre Solís, autóctono de San Sebastián, Director de El Nuevo Diario, y uno de los más grandes conocedores de la vieja Managua, fue el prologuista del libro. Durante la presentación dijo que se trata del “texto más acucioso, integral y ameno que se ha escrito sobre la historia de Managua”.

Señaló también que Roberto Sánchez se convirtió “en una síntesis de explosiva productividad y originalidad para el rescate histórico y la recreatividad cultural”, enfocada especialmente en nuestra capital.

Aguirre mencionó algunas acciones más significativas impulsadas por Sánchez en la comuna capitalina: “Roberto haciendo de las ruinas de la Casa Presidencial más emblemática que ha tenido Nicaragua un parque de recreación y victoria; Roberto rescatando el Cementerio de San Pedro y el monumento del maestro Gabriel; Roberto convirtiendo el auditorio de la Alcaldía en un mural de la Managua que se nos fue aquella aciaga madrugada...”.

También recordó que Sánchez Ramírez puso la Bandera de Nicaragua en los cayos de Roncador y Quitasueño en 1972, en un acto de soberanía que revivió el debate sobre el despojo de Colombia de estos islotes que forman parte del patrimonio nacional.

“Investigación y devoción”

Definió el Recuerdo de Managua en la memoria de un poblano como una “gran crónica” de “dimensiones insospechadas” y una visión integral de la ciudad, en la cual el autor enlaza la historia de “sus calles y avenidas, de sus alcaldes, de sus familias autóctonas, de sus centros de esparcimiento y el estilo tan peculiar de sus direcciones” con los acontecimientos históricos.

Impacta mucho –según Aguirre– las vinculaciones de sitios, esquinas y personas con acontecimientos que marcaron hitos en la vida de la capital de Nicaragua. “Las golondrinas que se fueron de los cables de la vieja Managua y su avenida Roosevelt para nunca más volver. Las trabajadoras del sexo que aparecían sobre la acera de la Volkswaguen, también desaparecieron junto a los aleros que les daban sombra en la noche de una arteria que hacía trepidar Managua y que hoy se desdibuja entre edificios reconstruidos y zonas peatonales”.

Advierte que la obra consagra profundidad, nostalgia y cariño para Juanita Martínez y su célebre Carne Asada del Gran Hotel, donde en las madrugadas de aquella Managua, los capitalinos se entregaban al consumo de su carne asada, gallo pinto, tortillas tostadas, cuajada y maduros. Asimismo citó el toque que hizo el escritor sobre “los colegios La Salle, el colegio y Hospital Bautista con su Escuela de Enfermería y el majestuoso Ramírez Goyena, levantado sobre el legendario Caimito y de cuya memoria nadie podrá abstraerse cuando se diserte sobre educación”.

“Citar El Hormiguero –prosigue Aguirre– abre las páginas del asesinato de Sandino, y hablar de La Aviación es referirse al misterio donde reposan sus restos, así como hacer referencia al Campo de Marte nos remonta al general Zelaya. Es decir, una visión de Managua que más allá de sus calles y avenidas, de sus alcaldes, de sus familias autóctonas, de sus centros de esparcimiento, del estilo peculiar de sus direcciones, la enlaza Roberto con acontecimientos históricos que son especies de placas invisibles que están pegadas en las paredes de sus ruinas y que él nos las visibiliza en los prolijos capítulos de su libro”.

Para Aguirre, este ensayo “revela un exhaustivo trabajo investigativo, cuya característica principal es la combinación de lo popular con lo político, pincelando lo primero con rasgos que resaltan el interés humano y guardando para lo segundo la ponderación y ecuanimidad que no permiten derivar de sus descripciones ninguna intención peyorativa o de mal gusto para los personajes... Jamás nadie escribió sobre nuestra ciudad con tanta seriedad, vivencia, investigación y devoción”.

“Exaltación de amor”

Roberto Sánchez, visiblemente conmovido por las reacciones da la muy nutrida concurrencia, manifestó: “Después de todo lo que he escuchado he llegado a la conclusión de que ésta no es la presentación de un libro sino la exaltación al amor, porque aquí hay una gran cantidad de personas que con su presencia me están demostrando su amor y su amistad... Tomaría un largo rato mencionar tantos nombres de amigos y rostros que veo y que me convencen de que bien valió la pena entregarme a esta ciudad que me espantó cuando la vi por primera vez... Recuerdo haber salido de Masatepe a las seis de la mañana, viajar hasta Masaya y esperar el tren que venía de Granada a Corinto... Cuando llegué a Managua como a las cuatro de tarde casi me dio un infarto al escuchar aquel griterío y ver aquel alboroto de gente... Y crecí a la par de la ciudad y también decrecí aquel diciembre de 1972...”.

“Para mí, organizar esta actividad fue dar una continuidad al amor a la ciudad a través de personas como doña Ángela Aguirre. Cuántas veces yo y no sé cuántos más desayunamos con un pichel de cerveza en el Munich, frente del Palacio Nacional, y doña Ángela, aunque se estuviera durmiendo, siempre estaba atenta a que nos atendieran con la debida educación; le agradezco a Sipriano de Jesús, el eterno barbero del Gran Hotel; le agradezco a doña Juana Francisca Villalta Lezama, conocida como la 'Chica Vaca', mi amiga de hace años de años... Mi agradecimiento para ella y para todos los que cito en el libro”.

“Amo lo que hago”

“Para mí no tendría sentido presentar un libro sin sus personajes... A veces los escritores somos egoístas, hablamos de nuestro libro, pero si no hubiera existido doña Juanita Martínez, yo no hubiera escrito la historia de la carne asada; si Edén Pastora no hubiera encabezado el asalto al Palacio Nacional, yo no hubiera escrito el capítulo con que cierro la narración. Entonces, los personajes son lo más importante porque le dan vida al libro”.

“No he hecho mi trabajo en la Alcaldía de Managua por un sueldo o por un puesto, lo vengo haciendo de toda la vida; lo que me dio la Alcaldía es la oportunidad de plasmarlo y concretarlo más... Sería mentira decir que no quiero seguir, pero no por un puesto, sino porque amo lo que hago”.

Encandilado por la capital

Roberto emprendió su primer viaje a Managua en 1950 en el llamado “tren de los pueblos” y confiesa que se sorprendió y asustó del gran bullicio de la estación de Managua. Entre sus primeras aventuras, narra cuando vio por primera vez a través de un hoyo estratégico, a unas bailarinas cubanas que practicaban en el Copa Cabana, un edificio de madera construido sobre las aguas del Lago Xolotlán, al que se accesaba mediante un puente también de madera. “Ellas bailaban con faldas cortas, cargadas de vuelo. Exageré un poco la escena, cuando la platiqué en Masatepe y dije que bailaron mambo desnudas, sin reparar que me escuchaba mi bisabuela María Josefa Guerrero, por lo que me 'tajoneó' por hablar vulgaridades”.

Toda la gloria del Copacabana, acabó en 1954, cuando los desbordes del lago, dieron cuentas del edificio. Roberto lo recuerda así: “Fue el primer sentimiento de tristeza que sentí por Managua, cuando las aguas se lo iban tragando. Todas las tardes llegaba el gentío a ver el edificio que llenó una época, igual que lo fue el Casino Olímpico, de Moncho Bonilla, donde llegaban los adolescentes a ver bailar al estilo de los 'chivos' con zapatos combinados, leontina y el pelo domado con brillantina”.

“El Malecón era un lugar de paseo con muchos atractivos, uno de ellos los caballitos de don Pedro Rivas, un señor vestido de lino blanco, sombrero y fumando un puro. Tenía el carrusel una caja de música que dejaba escuchar valses vieneses”.

Fue también la época en que se supo por vez primera de los homosexuales que asediaban a los estudiantes internos del Goyena, como “La Chanela”, “La Anita del Mar”, “La Payina”. Fue el tiempo en que se inauguraron los cines con aire acondicionado y proliferaban las famosas “palomitas de maíz”, de las que nunca entendí por qué las llamaban así. Fue la época de los Churumbeles de España, Ninón Sevilla, las Dolly Sisters y Yolanda Montes, “La Tongolele” que impactaron con sus visitas a Managua.

La vida citadina de aquella Managua, también es ampliamente reflejada en el libro. Roberto, quien cubrió nota roja en Semana, logró penetrar “bajo la piel de la ciudad” descubriendo todo un mundo oculto de las cantinas de “trabajadoras del sexo” como el Cuarto Bate, la Conga Roja, el Barrio Maldito y “Las Golondrinas”, nombre con que bautizaron a las mujeres que ofrecían “un rato de amor” sobre la Avenida Roosevelt.

Quedan registradas además las famosas discoteques de la época La Tortuga Morada, El Sapo Triste, La Capucha, la discoteca A Go-Go, donde metida en una jaula bailaba una bella morena, Lutecia Luna, con hot pants y altas botas. Recuerda además el Adlon Club y la famosa trompeta de Charlie Robb y las tertulias del Gran Hotel donde el pianista Sidney Watson acompañaba a la cantante Maxine Gairi.

Para cerrar sus impresiones de Managua, Roberto Sánchez recuerda el día del terremoto con una escena conmovedora. Había tomado una botella de champaña de unos freezers cubierto de escombros, cuando trataba de saciar la sed que le embargaba. “Me senté en una esquina del Gran Hotel a beber champaña a falta de agua. A lo lejos se escucharon gritos desgarradores, era 'La Paula', un conocido homosexual que en medio del llanto exclamaba: '¡Aquí va la viuda, aquí va la viuda!' Quedó viendo con reproche, movió las manos como si quisiera volar, y dijo entre sollozos: '¿Pero qué les pasa, no ven que está muerto? Todo se murió y quedé viuda'. Partió gritando de nuevo: '¡Aquí va la viuda, aquí va la viuda!' Entonces bebí una mezcla de lágrimas con champaña”.

Numerosos proyectos

Neri Leiva Orochena, Vicealcalde de Managua, precisó que Roberto Sánchez es de las pocas personas que se ha preocupado realmente por recuperar el patrimonio histórico de la ciudad. “Él se ha destacado por su labor, el entusiasmo que le caracteriza y la joderera de estar pidiendo presupuesto para hacer más cosas”.

Leiva Orochena enumeró los proyectos más importantes impulsados por Sánchez: el histórico Cementerio de San Pedro, el Parque Histórico Nacional Loma de Tiscapa, la exposición Sandino Vive y las obras en la laguna de Tiscapa.

“Roberto ha sacado muchas publicaciones sobre esta ciudad; también gracias al esfuerzo suyo, Managua fue declarada Capital Iberoamericana de la Cultura del 2008, porque él fue una de las personas que estuvo pendiente de que nos otorgaran esa distinción y lo logramos”.

Apoyo de la Administración y del Concejo

“Gracias al esfuerzo y a la dedicación de Roberto Sánchez tenemos la oportunidad de preservar la historia de Managua, recopilada en Recuerdo de Managua en la memoria de un poblano. Espero que la próxima Administración conserve a Roberto porque es un hijo dilecto de esta ciudad. Esa declaratoria se hizo sin tener que pasar por una comisión encargada de valorar la propuesta, porque el Concejo considera que gente como Roberto no necesita ser analizada; él ha demostrado con su vida, con su actuar que es un verdadero managua”.

Leiva Orochena también resaltó que la labor de Sánchez no hubiera sido posible sin un firme apoyo de Dionisio Marenco, Alcalde de Managua. “Nicho Marenco es un granadino adoptado por esta ciudad y un gran Alcalde, el mejor que ha pasado por la Alcaldía”.


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