Edicion 556 del 15 al 30 de Junio del 2009



Julia García de Somoza: un perfil a la orilla de la historia

Texto: Helena Ramos
Fotos: Instituto de Historia de Nicaragua y Centroamérica (IHNCA)

Doña Julia García de Somoza, junto con José Somoza, su nieto, quien fue reconocido por Anastasio Somoza García, como hijo fuera de matrimonio, por presiones de su esposa Salvadora Debayle de Somoza.
Sí supimos que al fin y al cabo / fuiste abnegada y matronal. / ¡Pero tú pariste a la Bestia!”, exclama el irreverentísimo de Beltrán Morales (1945-1986) en su “Poema para doña Julia García”. Recuerdo que al leerlo pregunté quién era la señora mencionada y así me enteré de que era la madre de Anastasio Somoza García (1896-1956). Hasta hace poco eso fue todo lo que sabía de ella, y cuando quise informarme encontré muy pocos datos... Un hombre de Estado ante la historia (Managua: Talleres Nacionales de Imprenta y Encuadernación, 1944) –una biografía autorizada de Somoza escrita por el ensayista, periodista y somocista Enrique Aquino– apenas proclamaba un solemne lugar común: “En la tranquila ciudad de San Marcos, del departamento de Carazo, y en la noche del primero de febrero de 1896, nació un niño cuyo nombre de bautismo fue Anastasio. Su padre, el honorable ciudadano don Anastasio Somoza, prominente cafetalero de aquella rica y productiva región nicaragüense. Su madre, la virtuosa matrona doña Julia García, modelada en las antiguas costumbres hogareñas de una época en que la madre de familia tenía por bello ideal de sus virtudes femeninas el cumplimiento de sus deberes matrimoniales, la consagración a la crianza de sus hijos, sublime heredad espiritual de la sencilla vida cristiana de aquellos tiempos”. Autores de estudios más contemporáneos y menos “hagiográficos” sobre Tacho no se interesaron por su familia de origen y aquellas personas que tuvieron la oportunidad de relacionarse con doña Julia García –conocida por toda Nicaragua como “mamá Julia”– sólo decían que era una mujer sencilla que no se metía en política...

En la casa de un bisnieto

Ante tal carencia, viajé a San Marcos para ver al menos la tumba de doña Julia, sobre cuya lápida esperaba hallar la información más elemental: años de su nacimiento y muerte.

Llegamos al camposanto sanmarquerño al atardecer, y la búsqueda fue breve: una maciza capilla con la inscripción “Familia Somoza García”, pintada de sobrio y sombrío color gris oscuro, resultó fácil de encontrar. Sin embargo, la puerta estaba cerrada con un sarroso candado y lo único que se veía a través del cedazo que cubre las puertas y ventanas era un pequeño altar interno y piso con una trampilla, todo cubierto por una fina capa de polvo. Ni lápidas ni adornos... Nada...

En una de las pocas gráficas, doña Julia García come nacatamal con su hijo. A la izquierda aparece Salvadora de Somoza y a la derecha Francisca García Alfaro, hermana de la progenitora de Somoza.
Pregunté al panteonero a quién pertenecía la capilla y me dio la dirección de la propietaria: doña Mercedes Jara Somoza... Sabía desde antes que Anastasio Somoza García tuvo dos hermanas, Josefina y Amalia, y un hermano, Julio, y que el apellido de casada de la primera era Jara y de la segunda, Reyes... Una conclusión obvia: doña Mercedes Jara Somoza tenía que ser la sobrina de Tacho.

Sin embargo, no pude conversar con ella, puesto que la señora, nacida en 1916, no se encontraba bien de salud. Sí platiqué con su hijo, don David García Jara, quien habló sobre la controvertida historia de su familia con inusual ecuanimidad. Dijo que Luis y Anastasio Somoza Debayle solían visitar a su prima y mantenían con ella relaciones de amistad, pero esa cercanía hizo que en 1979 la casa fuera saqueada y confiscada... Así se perdieron los archivos familiares, incluyendo los escritos de Josefina Somoza de Jara, quien, según su nieto, escribía poesía. Don David se refirió a aquellos acontecimientos con tristeza pero sin amargura, añadiendo: “Así tenía que ser”.

Informó que la capilla de los Somoza también fue arrasada. “Durante la década sandinista la alcaldía la usó como bodega para guardar cal y madera, y hace como doce años la devolvieron a la familia. Hay unos 30 Somoza enterrados pero las placas fueron destruidas en el 79...”, precisó David García.

No conserva muchos recuerdos sobre su abuela Julia pero comentó que la señora “se veía imponente”; puesto que no era de elevada estatura, su regio porte puede atribuirse a la fuerza del carácter...

Lo que sí recuerda perfectamente es El Porvenir, hermosa finca de 115 manzanas, la propiedad solariega de los Somoza: “Fue confiscada y la entregaron a unos campesinos que lo tuvieron que vender... Fue desmembrada y ahora están vendiendo quintas a 60 mil dólares cada una”...

A toallazo limpio

Otra foto de doña Julia García con su hijo Anastasio Somoza y su nieta Lilliam Somoza.
Como no pudieron decir mucho sobre la “mamá Julia”, los miembros de la familia García Jara me remitieron a otras fuentes de información. La primera de ellas fue don Miguel Ángel García, que el 22 de mayo de 2009 cumplió medio siglo de ser barbero. Con la elocuencia propia de su oficio –porque los fígaros de la vieja escuela saben tanto escuchar como platicar– trazó el siguiente retrato: “Doña Julia García era de familia humilde, nacida y criada en esta bella ciudad. Siendo madre del general Somoza, la hacienda El Porvenir era su casa. Estaba bien custodiada, 15 militares cuidaban esta finca todo el tiempo. Era trabajadora, toda la vida hizo nacatamales, puros y rosquillas. Su recreación era tener hijas de casa, las sacaba casadas”.

“Cuando el general Somoza le desobedecía ella le pegaba con una toalla. Si, por ejemplo, aquellos guardias que estaban en la hacienda se emborrachaban y hacían un encabe, ella llamaba al general Somoza y le decía que viniera de inmediato. Pero como él era un hombre muy ocupado, tal vez no venía enseguida sino el otro día. Entonces, la mamá Julia se molestaba, le reclamaba y lo azotaba con una toalla”.

“Una mujer muy digna, formal; siempre usaba vestidos enteros, jamás la vi de falda... Antes de haberse casado con don Anastasio Somoza Reyes, caficultor y político de filiación conservadora, ella fue profesora, enseñaba las primeras letras... No se metía en política y no quería que el general Somoza fuera... lo que él era.”.

Matronal y generosa

El siguiente eslabón en la búsqueda fue la casa de doña María Luisa Alfaro, cuya abuela, doña Francisca García Alfaro, era hermana de doña Julia. Chavalera y hospitalaria, la señora gustaba de invitar a sus sobrinos-nietos a El Porvenir, y María Luisa recuerda aquella hacienda como el paraíso de su infancia: “Ella era una persona maravillosa con la gente. Muy generosa. Esa casa donde vivimos, ella se la regaló a mi mamá, hace ya como 50 años”.

“Vivía en El Porvenir, en una casa muy bonita, de grandes corredores, con un jardín maravilloso y un patio de cal y canto donde secaban el café. Vivió humildemente; ella amasaba pan para venderlo en el comisariato de los trabajadores de la hacienda. Cuando los ministros de Anastasio Somoza llegaban a visitarla, decía que si querían verla que vinieran donde ella y los recibía al lado del horno; ellos pasaban dándole sus respetos, pero, hasta donde sé, no le solicitaban nada, solo venían a saludarla”.

“En la hacienda siempre estaban los mismos guardias, y doña Julia los trataba como si fueran de la familia: ‘Fulano, tal cosa...’; ‘Fulano, tal otra...’... No creía que necesitaba protección, que alguien iba a querer hacerle daño...”.

“En la hacienda se celebraba la fiesta de San Jerónimo con un tope. Para ese día doña Julia hacía nacatamales y chicha. El tres de mayo íbamos a la finca El Bosque, un lugar cerca de La Conquista, donde en la ribera del río había una ermita; un sacerdote le trajo a doña Julia una cruz desde el Vaticano, y ella la celebraba. La fiesta duraba ocho días; se hacían bautizos, primeras comuniones, casamientos...”.

María Luisa Alfaro ignora si en su juventud doña Julia fue maestra; en cuanto al físico, dijo que la señora se parecía mucho a su abuela Francisca García, cuya fotografía de gran tamaño, en un marco ovalado, engalana la pared de la sala: un rostro de rasgos correctos, firmes y precisos, y una expresión seria y serena... Otra característica que recuerda de mama Julia es su cojera: “Era renquita de una canilla, caminaba apoyándose en la puntita del pie... Siempre llevaba en los bolsillos de su delantal granos de maíz y trigo para dar de comer a los pájaros”.

Pinceladas familiares

Doña María Luisa profesa un gran respeto a Luciano García, hermano de Francisca y Julia: “Fue un conservador pero de verdad, no se vendía. Somoza le ofrecía toda clase de beneficios pero él nunca aceptó nada, ni siquiera una beca para sus hijos...”. De hijos hablando: según varias fuentes confiables, Luciano tuvo una hija, Manuela, con nada menos que Margarita Calderón Ruiz, madre del General de Hombres Libres...

A criterio de doña María Luisa, Anastasio Somoza García “no ayudaba mucho” a sus hermanas Josefina y Amalia y su relación con ellas no era precisamente cercana.

No tiene buen concepto de Julio Somoza García, el único hermano varón de Anastasio: “Era malo: prepotente, malhumorado... Tacho sabía ser muy galán y campechano, se ganaba a la gente; Julio no. Cuando murió colocaron el ataúd en el sótano de la capilla pero sin inhumarlo; la gente comenzó a decir que Julio salía por las noches y que había que enterrarlo, y así se hizo...”.

Sobrevivió a sus hijos

Si bien la vida de doña Julia ha sido larga y grata, no estuvo exenta de sinsabores. Viuda desde los años 20, sobrevivió a sus hijos varones: Julio murió a finales de los años 40 y Anastasio, el 29 de septiembre de 1956, a consecuencia de los certeros disparos del poeta Rigoberto López Pérez.

El historiador Roberto Sánchez cree que Julia García –que en el momento de la muerte de Somoza era muy anciana– no se enteró de todos los detalles. “Le ocultaron que lo habían matado y le dijeron que murió por causas naturales...”. Aun así, para cualquier madre es doloroso enterrar a un hijo.

Una clásica madre tradicional

De todas estas descripciones por fin empezó a emerger una imagen coherente de doña Julia, que, tal como dijo Beltrán Morales, ha sido una mujer “abnegada y matronal”, de carácter firme pero sin un asomo de ambiciones políticas. Se limitaba a reinar magnánimamente en El Porvenir y no se daba aires de aristócrata. Le gustaba ser obedecida y respetada, pero jamás abusó de su influencia. De seguro, siendo una mujer chapada a la antigua, creía que los asuntos políticos no eran de su incumbencia.

Pero sí intervenía en asuntos relacionados con el ámbito familiar: asumió la crianza de José R. Somoza (1914-2004) que Anastasio tuvo con Claudia Sánchez, empleada doméstica de El Porvenir... La decisión de una abuela de hacerse cargo de la criatura no es algo precisamente excepcional; sin embargo, hay que reconocer en este gesto buen corazón, responsabilidad o ambas cosas juntas...

Fue una clásica madre tradicional: cariñosa, hacendosa, devota, generosa pero ciega para todo aquello que ocurría fuera del ámbito doméstico. Debió haber sido una persona tan completamente ajena al teje y maneje político que Somoza –quien, según todos los testimonios, tuvo con su progenitora una relación sumamente cálida– decidió que el Día de la Madre en Nicaragua se celebrara el 30 de mayo, día del cumpleaños de doña Casimira Sacasa de Debayle (1872-1953), madre de doña Salvadora Debayle de Somoza (1895-1987). Nada indica que doña Julia se haya sentido zaherida por esa preferencia... Simplemente, no le importaba. Lástima que su celebérrimo hijo no haya aprendido de ella la modestia y la auténtica sencillez.


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